Todo pasó ya, por Enrique Vila-Matas

Posted on abril 4, 2013 por

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fin del camino

Oímos decir: vamos hacia un cambio de modelo para ir a peor, nos encontramos en una encrucijada cultural en donde agoniza un mundo y está a punto de nacer otro que no podemos entender. Llama la atención que creamos que la situación actual es única y hablemos de nuestro momento histórico como un momento inusitadamente terrible y en cierto modo privilegiado, un punto cardinal en el tiempo. ¿Pero es así en realidad? A Frank Kermode en El sentido de un final (Gedisa) le parecía dudoso que nuestra crisis, nuestra relación con el futuro y con el pasado, marcase una de las diferencias más importantes entre nosotros y nuestros antepasados, porque muchos de ellos sintieron exactamente lo mismo que sentimos nosotros ahora.

¿O no es característico de la imaginación encontrarse siempre al final de una época? San Agustín ya habló de lo que hablamos cuando dijo que los momentos que llamamos crisis son finales y principios, periodos de colapso y recuperación. Y el poeta W.B. Yeats, por ejemplo, tenía una confianza profética en la renovación y creía que su gran momento llegaría en el momento de crisis suprema.

¿No será que proyectamos nuestras angustias existenciales sobre el propio mapa de la angustia? Nos creemos divididos entre dos tiempos y sensibilidades, entre un fin de fiesta y un futuro que nos costará la vida. Pero así andaba ya Hamlet. ¿Es distinto nuestro caso del de otras épocas? ¡Pero si incluso la pérdida de la vida también la tenemos nosotros garantizada!

Creemos que lo que nos sucede no ha ocurrido nunca y que por primera vez llega un mundo nuevo que será muy extraño. Pero ya en abril de 1913, Otto von Bismarck, viendo en el puerto de Hamburgo los navíos de guerra modernos, decía: “Aquí comienza un tiempo nuevo que no puedo entender”.

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