¿Qué es lo que te importa? Enrique Vila-Matas

Posted on julio 26, 2012 por

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¿Se puede escribir una novela que sólo contenga preguntas? ¿Qué porcentaje de genialidad le concedo a Padgett Powell, autor de The Interrogative Mood: A Novel?, libro que sólo contiene preguntas, incluso incorpora una pregunta a su título? ¿No acertó de pleno Richard Ford cuando dijo que si Duchamp o Magritte hubieran escrito una novela, ésta se habría parecido a la de Padgett Powell, cuyo libro es de lectura cómoda y agradable, además de ingenioso, sagaz y emocionalmente indispensable en un sentido que no se puede describir pero que tampoco hace falta? ¿Por qué hay que saber describir si uno es narrador? ¿De verdad que es algo imprescindible? ¿Pero acaso no oímos decir hasta la saciedad que una buena ficción plantea siempre preguntas y no suele dar respuestas? ¿Qué problema hay entonces con El sentido interrogativo (Alpha Decay)? ¿Y por qué al libro de Powell le han puesto en su traducción castellana ese incompleto título?

Y de los grandes misterios en general, ¿qué tienes qué decirme? ¿No ha resultado bien enigmático que, mientras leía El sentido interrogativo, la imaginación se me haya ido varias veces a otro lado y me haya hecho preguntas distintas de las que leía? Por ejemplo, ¿por qué mientras me preguntaba con Powell si me apetecería tener, como le apetece a todo el mundo, un temperamento más jovial, me puse a pensar en la poesía del argentino Lamborghini y de pronto tuve que preguntarme a la vez por la irrupción en esa lírica de Lamborghini de términos desconcertantes como “clancas” y “ras ras”? ¿Y por qué, además, me dio por preguntarme obsesivamente qué había querido decir el poeta cuando escribió: “En mi mundo moral mando yo. / Este alegre imperdón es algo que se consigue después de un largo trabajo”?

Suponiendo que sepamos qué es un imperdón, ¿ha de ser éste necesariamente alegre? ¿Y por qué “En mi mundo moral mando yo” parece una autoafirmación tan espléndida? ¿Qué hay en mi pasado que me lleva a buscar que en mi mundo moral mande yo?

¿Y por qué no ha habido grandes titulares para la noticia de que en Nueva York se ha estancado la venta de libros electrónicos? ¿No debería eso animar a los periodistas a proclamarlo a los cuatro vientos, tal como hicieron en su momento con la noticia contraria, cuando parecía que desaparecían los libros impresos? ¿Odian los periodistas los grandes libros de ficción? ¿A ti qué te parece? Y dime, ¿por qué ahora mismo acabo de acordarme de Powell y de cuando le pregunta al lector si sabe por qué le está haciendo tantas y tantas preguntas y, sobre todo, si debería seguir haciéndolas?

¿No es evidente que este libro de Powell pertenece a la familia de Ejercicios de estilo de Queneau y de Me acuerdo, de Joe Brainard? ¿Podríamos considerar que esos libros pertenecen a la tradición oulipiana de las constricciones? ¿Sabrá todo el mundo qué significa el adjetivo “oulipiana”? ¿Es realmente tan grave no saberlo si a fin de cuentas mis amigos más sabios tampoco saben qué significan “clancas” y “ras ras”?

¿Por qué, ras ras, tardas tanto en decirme si tuviste un tío que fue ingeniero de artillería en el curso de alguna guerra? ¿Te interesan los matices de la brillantina? ¿Qué es lo que te importa? ¿Por qué el universo es ligero y se expande elegantemente con una ligereza mortal?

¿Te gusta que la gente te cante Cumpleaños feliz? ¿Crees que un escritor ha de saber aguantar hasta el momento en el que sus enemigos, que han escrito sobre él todo tipo de ruindades y estupideces, hacen el ridículo más mayúsculo? ¿Crees que un artículo como éste aspira en realidad a ser una novela de mil páginas? ¿Te has comido un capullo de magnolia? ¿Te vas ahora? ¿Sí? ¿Te importaría?

¿Es interrogativo el sentido de la vida? ¿Por qué no lees el libro de Powell como quien sale a dar un paseo sin un destino prefijado? ¿A qué esperas? ¿Te gustaría decir algo?

FUENTE: EL PAÍS