Aire de Dylan o cómo fracasar con éxito. Juan Salas Villanueva.

Posted on marzo 28, 2012 por

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Aire de Dylan nos invita a pensar sobre la tan célebre autoficción. En última instancia páginas escritas en forma de memoria y cuyo resultado no es otro que una autobiografía bajo sospecha. El autor de una autobiografía tiene licencia para inventar cuanto quiera, para invertir la realidad a través de la creación literaria. Pero como sucede con los libros de Enrique Vila-Matas lo importante no es si lo que nos está contando es realidad o ficción. Lo que realmente importa es la verdad de la escritura. Por este motivo en Aire de Dylan se da un “pacto” entre el lector y el escritor. En ese momento y de un modo casi mágico el texto empieza a sufrir una maravillosa metamorfosis.  Descubrir los sutiles lazos que suelen establecerse entre aspectos del mundo de lo real y fragmentos ficticios es parte del juego que nos ofrece este tipo de lecturas. La gran dificultad a la hora de escribir es poder pasar del análisis de los sentimientos a su narración, ya que como dijo Emmanuel Bové, los temas realmente no existen; sólo importa lo que se siente. En este sentido Vila-Matas no ha necesitado crear un mundo entero para sus personajes a fin de tejer una historia maravillosa en la que prevalece el estilo.

Tanto la vida como el lenguaje no discurren en una línea recta perfectamente trazada y es precisamente la escritura la que proporciona los medios necesarios para poder revelar la vida en las cosas y en los silencios. La literatura, que da voz al mundo en su esencia fragmentaria, tiene que estar del lado de lo inacabado para poder tocar a cada instante el fracaso. Quizás por eso Vilnius necesita inventarse la sociedad infraleve. Siente, en cierto modo, que cada vez le gusta más esta vida en la que participa cada vez menos. Aire de Dylan está escrita para que el fracaso exista y quede ahí para siempre, casi en silencio. Se escribe porque siempre hay alguien distinto a nosotros. Se escribe porque cuando oscurece siempre necesitamos a alguien.

Como si una ráfaga de aire infraleve me hubiera sacudido después de la lectura de este libro, me enfrento a esta hoja en blanco con la reconfortante sensación de saber que escribiendo no se llegará nunca a nada.