Vila-Matas en estado puro, por J. Ernesto Ayala-Dip

Posted on enero 2, 2012 por

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Narrativa y Ensayo. Una reedición de tres libros de Vila-Matas vuelve a ponernos en la pista estética de uno de los novelistas españoles más singulares de las últimas tres décadas. Dueño de un mundo novelístico, también lo es de un mundo teórico-narrativo. Las reediciones consisten en una novela (Lejos de Veracruz) y dos libros de ensayos y artículos (El viajero más lento y Una vida absolutamente maravillosa). Pero se impone una aclaración: de los tres citados, la única reedición literalmente hablando es la novela. Los dos restantes, miscelánea de artículos, notas y textos de diverso género ya publicados, incorporan tres breves piezas y un dietario rigurosamente inéditos: El arte de no terminar nada, Segundo dietario voluble (septiembre 2008-marzo 2011), Una vida absolutamente maravillosa y Café Bénabou. Este procedimiento ya se usó en anteriores reediciones. Evidentemente este es un criterio que, independientemente de su estrategia comercial, sirve de relectura. La literatura de Vila-Matas funciona como un auténtico palimpsesto: capas de autores y escuelas narrativas que esconden capas más profundas de tradiciones y poéticas casi sepultadas por el olvido. Es un sistema muy borgiano, pero con una diferencia sustancial respecto al maestro argentino: el autor barcelonés se hace sujeto de su propio proceso de identificación literaria, de búsqueda o de encuentro con sus semejantes, con sus hermanos de fervor literario. De ahí ese aire de autobiografía que tienen siempre sus textos de reflexión metaliteraria, aunque siempre es una reflexión irónica y en esa línea contradictoria, imprevisible y carnavalesca (en el sentido que Bajtin daba a este término) que hace extensible también a sus novelas.

 Empecemos con Una vida absolutamente maravillosa, el texto inédito que presta título al volumen. La idea le viene a Vila-Matas de una entrevista a Marcel Duchamp leída en 1972. Aprovecha el autor para especular sobre el arte contemporáneo. Y de paso sobre el hecho de contradecirse, espacio el de la contradicción en el cual Duchamp confesó sentirse más cómodo. Vila-Matas también se siente en su terreno preferido: ser el industrioso Picasso y a la vez el indolente Duchamp. Evocar la profusa charla paterna y a la vez el sabio silencio de su madre. Pero a mí me gustaría resaltar otra característica de esta pieza, que a la vez es muy común en otros textos del mismo libro, e incluso en su obra de ficción. Me refiero a ese tono casi de monologuista literario que se instala entre las líneas de su exposición: ese tono entre el ensayo imaginativo, la confesión personal, la broma trascendental y la autoparodia. No conozco a nadie que haga eso con la desconcertante y ambigua gravedad con que lo hace Vila-Matas. El lector puede también leer o releer Para acabar con los números redondos: retratos de sus afinidades electivas que el autor escribe justamente cuando el número de años de sus nacimientos o de sus muertes está lejos de los cómputos convencionales que se utilizan para estas efemérides. El Segundo dietario voluble tiene sumo interés: entre muchas cuestiones relacionadas con la mecánica narrativa y el genio y figura de todos los autores que nutren la obra de Vila-Matas, vuelve el autor a utilizar, como ya hizo en Chet Baker piensa en su arte, su interpretación de Simenon, en especial de la novela La prometida del señor Hire. Aquí el autor es más explícito que en su anterior comparecencia, en su devoción por esa amarga historia. Pero no desaprovecha ahora la ocasión para desgranar su filosofía de la composición y marcar territorio: “Como narrador, yo siempre preferiré la reflexión, la indagación, el revés del fotograma realista, una tarea de tinieblas, salir en busca de la emoción emboscada, ensayar una expedición a ese núcleo duro y, en definitiva, desplegar el arte de lo negativo”. En El arte de no terminar nada y Café Bénabou, el novelista vuelve sobre su sistema literario. Ahonda en su vocación de apartarse del modelo realista de representación, de indagar en lo que no se prefija, como si se escribiera sobre el vacío, que es al fin y al cabo lo que de verdadero tiene la escritura. Insiste en los no finales, en ese vértigo de la asimetría que impone la ficción moderna, ese homenaje a la no causalidad argumental, al infinito proceso de gestación que nos recuerda una corriente novelística a partir del Ulises de James Joyce. George Perec y Roberto Bolaño redondean el paradigma vilamatiano. En el mismo volumen aprovecho para releer Preferiría no hacerlo, donde nuestro autor comenta Melville y Kafka. Y me vino a la memoria entonces un prólogo de Jorge Luis Borges a Bartleby, el escribiente, donde dice que este libro con “un idioma tranquilo y hasta jocoso cuya deliberada aplicación a una materia atroz parece prefigurar a Franz Kafka”.

Dejo para el final Lejos de Veracruz. Más allá de sus resonancias metaliterarias, esta novela merece estar en el canon de las obras inclasificables. Aquí está Enrique Vila-Matas en estado puro. Con sus diálogos imposibles y con sus comentarios y observaciones desternillantes. Todo en esta novela ocurre al margen del estatuto novelesco. Una especie de calle del medio. Una fuga jocosa y a la vez patética vigilada por Cervantes y aplaudida por Nabokov.

Fuente: El País

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