La máquina de narrar, entrevista de Julian Gorodischer

Posted on junio 9, 2011 por

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Julian Gorodischer entrevistó a Enrique Vila-Matas para la revista Ñ. Transcribimos aquí dicha entrevista.

Hay que sustituir la palabra realidad por la palabra verdad”, pide Enrique Vila-Matas, autor de Dublinesca, su última novela publicada. En lo que respecta a la verdad, no hay una sola ni es absoluta: hay finitas pero múltiples posibilidades de verdad que se manifiestan en la creación literaria. Lo dice quien pasó de ser catalogado como el escritor de los escritores a ser una rara avis de best-séller, ganador de prestigiosos premios como el Rómulo Gallegos y el Medicis Etranger, afín a esa zona de memoria ficticia en la que lo real permanentemente se entremezcla con la fantasía para constituirse en biografías de seres tan parecidos y a la vez tan distantes al autor como los protagonistas de París no se acaba nunca o la reciente Dublinesca .

“Se acerca más a la verdad Franz Kafka –asegura, en una pausa del Tercer Congreso Internacional de Periodismo Cultural, organizado por la revista Cult, con sede en San Pablo– hablando de las relaciones con su padre (de las relaciones con el poder) que un periodista que informa sobre algo teóricamente real pero que no necesariamente es la verdad. Eso es la realidad mediática”, distingue Vila-Matas.

Vila Matas es una máquina de narrar que se activa con cualquier cosa que pueda sucederle en la calle. Para que la vivencia se haga literatura debe despertar asociaciones, remitir a otras vivencias, lecturas, películas, hechos que ocurrieron anteriormente que se parecen al que está viviendo en un momento dado, y entonces la asociación es el puente entre la vivencia y la novela.

La máquina se obtura en el momento en que se trata de querer abordar todo el caos de la época en la que nos encontramos y viajar en unos segundos de México a Tokio y de Tokio a…

-Quiero intentar contar todas las historias que tienen lugar en este mundo. Surge la imposibilidad de abarcarlo todo, unido a que me muevo en un mundo personal, muy singular, único y privado. Esa ambición extraordinaria sólo podría atribuírsela con éxito a un escritor como Roberto Bolaño que intentó abarcar todo, hasta el futuro, y fue la mente literaria más ambiciosa que ha aparecido por lo que significa la posibilidad de abarcar todas las narraciones, y en esa continuidad mantener una historia de personajes en lugares diferentes.

O en el mismo lugar, intentando llevar a los personajes por mundos paralelos.

Vivir vidas simultáneas: un eje que podría articular la pasión del escritor y del lector…

El otro día estuve hablando de un cuento de Henry James que me parece premonitorio, se llama “La vida privada”, y es muy sencillo. En una reunión en Suiza, en un hotel, un escritor inglés está departiendo con los otros congresistas en el salón del hotel y alguien descubre que mientras él está departiendo con la gente del congreso, está también escribiendo en su habitación. Tiene un doble.

¿Usted mantiene el hábito de la escritura durante los viajes de compromiso literario?

Sí, son para mí buenos, aprovecho para pensar fuera del ordenador… Sirve para descongestionar, para tomar notas para la continuación de la novela en la que estoy trabajando. Sirve para el contacto con otras personas; la vida cotidiana es muy gris y siempre se ve a las mismas personas en una cotidianeidad sin alicientes. Los humanos tenemos horas y horas al día en que no nos damos cuenta de que podemos cambiar continuamente y tenemos a nuestra disposición cosas diferentes de las que hemos tenido hasta entonces, y sin embargo siempre hacemos lo mismo, y tenemos capacidad para todo lo demás. Somos como los fantasmas de Dickens, muy tontos, porque vuelven al armario de la habitación, a la familia que tenían; todo el mundo a su disposición y vuelven al lugar donde fueron desdichados; tenemos tendencia a una vida cotidiana en la que se repite mucho todo. Es un rasgo cómico, idiota, porque la posibilidad de cada día de encontrar algo nuevo es más interesante. El viaje, es cierto, te obliga a estar despierto, a estar atento a no perder el avión, por poner un ejemplo, a estar menos relajado y es bueno también para los movimientos.

Fin de época

Samuel Riba, el protagonista de Dublinesca , que se considera el último editor literario, convence a unos amigos para acudir al Bloomsday y recorrer el corazón del Ulises de James Joyce. Viaja para celebrar un funeral por la era de la imprenta, en un mundo seducido por la era digital.

Pertenece a la cada vez ya más rara estirpe de los editores cultos, literarios. Y asiste todos los días conmovido al espectáculo de ver cómo la rama noble de su oficio –editores que todavía leen y a los que les ha atraído siempre la literatura– se van extinguiendo sigilosamente a comienzos de este siglo.

( Dublinesca )

Esos “funerales de la era Gutenberg” a los que se refiere la novela, ¿qué consecuencias tiene para la literatura?

Se gana en vitalidad; la negatividad conduce a lo contrario. Es decir la literatura que está a punto de ser enterrada en Dublinesca termina renaciendo al final; es un vivo que parecía muerto y está más vivo que nunca. No voy a hacerme el puritano diciendo que Internet no me interesa; yo estoy todo el día ahí.

Pero se pierde mucho en Facebook y en Twitter en el lenguaje abreviado, la gente más joven está perdiendo la construcción de la frase, la complejidad de una frase, de la literatura. Se está hablando cada vez peor y eso está conduciendo a que la gente hable también muy mal, con frases simples. Vamos a llegar a una pérdida total de la complejidad del lenguaje que me recuerda a un poema de Wallace Stevens que habla de dos hojas a las que mueve el viento y describe el sonido. Y ese sonido es terrible porque es solo ruido y carece de significado; acabaremos siendo sólo hojas.

Cada día parece terminarse algo, en la era del relato apocalíptico…

Hombre, se está hablando que se va a terminar la prensa escrita, pero eso ya se dijo en los años 60, justo cuando la televisión a través de la muerte de Kennedy, dio el salto y ocupó y perjudicó a los periódicos y la prensa escrita. Ya entonces pasó eso, pero hace cincuenta años de esto y seguimos bastante bien creo, hace cincuenta años se habló de que la prensa escrita estaba tocada de muerte, pero en este caso por la influencia de la televisión. La gente no se acuerda, hay poca memoria del caso.

¿Su posición es: avanzar desde la incertidumbre, lanzarse al vacío?

Sin duda escribo para averiguar de qué quiero hablar. Una vez, he escuchado al escritor Juan Benet decir que iba cuatrocientas páginas de la novela y todavía no sabía de qué se trataba. Me pareció una lección fenomenal de lo que es escribir.

Avanza, Vila-Matas, se deja llevar por lo que se le ocurre en aquel momento y luego se da cuenta de que han aparecido cosas que no conocía “de mí, que estaban adentro”. “Construyo la historia sin censura para mí, en función de lo que ha surgido inesperadamente tanto si me gusta como si no. Y voy dejando que avance y que me sorprenda a mí mismo”.

O sea que el devenir de la trama nunca se diseña de antemano.

No, actualmente no.

Después, llega el trabajo de edición y de montaje.

Cuando ya tengo un borrador, sé qué era lo que quería contar que no sabía, aquello que me gusta como lo que no, ya lo monto más pero averiguo de qué quiero escribir a través de la práctica misma. De hecho, aquí en el hotel no avanzo en la novela porque estoy trabajando y viendo, las palabras mismas me conducen al argumento.

¿Cuál es su horario?

Bueno, de siete y media hasta las dos o tres de la tarde. Después es la conexión con lo que podríamos llamar realidad, es un poco la hora de comer, como con mi mujer, veo las noticias, compro los periódicos, paso a un estado de información más alejado del mundo de la ficción en el que me he movido por la mañana cuando estaba más despierto mentalmente. Después por la tarde puedo estar pensando en lo que escribo y tomando nota de alguna idea para el día siguiente, pero ya por la tarde es una situación distinta, más social también, me encuentro con personas, estoy comunicado con el mundo.

Vivir la época

-Me encanta esta época pero si eligiera vivir en un pasado cercano o remoto, me aburriría la tranquilidad. Naturalmente estoy todo el rato deseando estar tranquilo pero he conocido ya otro tipo de ansiedad y me aburriría profundamente, igual que me aburro profundamente en el campo, con la felicidad de los años 20. Me interesa más la maldad y la estupidez actual. Es apasionante, también para un novelista.

¿Cómo se define el ser contemporáneo?

La estupidez es la clave, la palabra exacta. Vas a leer Nota sobre la estupidez de Robert Musil o bien a Flaubert cuando hablaba de sus sobrinos que decía que su sobrino iba a ser financiero: “…dentro de poco todos los hombres, toda la gente joven, la generación de mi sobrino, serán hombres de negocios”, anunció que había una sociedad de hombres de negocios por venir. El hablaba ya de hombres de negocios que están donde estamos acá nosotros, los biznietos del sobrino de Flaubert.

Usted escribió en su ponencia “La teoría de Lyon” que “escribir es escribir lo que escribiríamos si escribiéramos”, citando a la escritora Marguerite Duras. ¿Usted que escribiría si escribiera eso que todavía no escribió?

Todos aún estamos por escribir la primera página, como los libros sagrados a los que les falta la primera página: todos los libros son incompletos. Para poder escribir lo que quisiéramos escribir necesitaríamos confianza en el lenguaje.

FUENTE: Revista Ñ

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