Ricardo Piglia sobre Dublinesca

Posted on mayo 31, 2011 por

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Entonces comprendí lo que ya sabía: lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que en un sueño.

                                                     Ricardo Piglia   (en El último lector, edit. Anagrama)

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RICARDO PIGLIA SOBRE DUBLINESCA

Enrique Vila-Matas ha escrito una gran novela, una suerte de Bajo el Volcán, cómico, y espectral, con su héroe , -el ex-editor y ex-alcóholico y también ex abstemio Samuel Riba-, visitando los círculos del infierno, guiado por el inmortal irlandés al que se alude en el título del libro. Mientras lo leía encontré en sus páginas varias referencias, muy agudas, a otro áspero irlandés, Samuel Beckett. Recordé entonces la primera frase del primer texto narrativo que el autor de Molloy escribió en francés (con la intención de abandonar la lengua literaria inglesa que había pasadoa a ser propiedad de Joyce). Y cito entonces el principio de Le calmant porque sé que para Vila Matas -como para mí-, las citas son voces y fantasmas que entran y salen sigilosamente de los libros: “Je ne sais plus quand je suis mort. Il m’a toujours semblé être mort vieux”. (“Yo no sé cuando he muerto. Siempre me ha parecido haber muerto viejo”.) El motivo del muerto-vivo, que recorre en secreto nuestra cultura, reaparece nítido en Dublinesca y define su tema central: Riba es un entrañable y melancólico muerto-viviente que viaja a Dublín (rodeado de algunos espectros y acompañado por una banda de amigos entusiastas) para rememorar el día de Joyce y la muerte de la literatura (en todo caso la muerte de la era Gutenberg). El capítulo seis del Ulises, donde se narra el entierro de Paddy Dignam, es el nudo y el espejo mágico de la novela y la visita al cementerio católico de Glasnevin, es uno de los momentos más altos de la narrativa de Vila-Matas. Lo notable de la novela es que ese mundo sombrío y nostálgico está narrado con un sutil estilo irónico. La distancia entre el estilo y el mundo narrado (que fue la gran lección de Joyce) funciona como una central nuclear en el libro: una poderosa energía narrativa mueve la acción y el universo novelístico parece continuamente en peligro y a punto de estallar en una suerte de Chernóbil final. Pero ese estilo, o mejor, esa voz narrativa, puede sobrevivir a todas las catástrofes: pocos escritores en la literatura actual han logrado sostener un tono tan íntimo y tan personal. Por eso esperamos siempre un nuevo libro de Vila-Matas, porque queremos volver a escuchar esa voz. Y eso –esperar el libro de un autor– es algo que sucede pocas veces en estos tiempos literariamente tan multitudinarios (a veces creo que, en esta época, ya hay más escritores que lectores de literatura). Recuerdo que leí esta novela en un viaje a Montevideo y mientras recorría las librerías de usados de la calle Tristán Narvaja, –y descubría viejas y queridas ediciones de grandes obras olvidadas– tenía la sensación de seguir todavía en el mundo de Dublinesca. Entonces –en una de esos locales llenos de viejos libros donde siempre encontramos lo que no buscábamos– vislumbré que el conjunto de las novelas de Enrique Vila-Matas podían ser leídas como una obra única en la que se narra -desde distintos ángulos- la historia imaginaria de la literatura contemporánea. Sus novelas son una reconstrucción sarcástica y apasionada de las guerras, los furores, los lugares, los sueños, las obsesiones de los escritores, los lectores, los traductores, los libreros los editores o los críticos; como si sus personajes formaran parte de la tripulación maldita del Pequod y persiguieran al Moby Dick del siglo XXI. Call me, Enrique.

Publicado en la contraportada de la edición brasileña (Cosac Naify) de Dublinesca

Fuente: http://www.enriquevilamatas.com/escritores/escrpigliar1.html

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